De vez en cuando uno mira dentro de sí, y comienza a hurgar entre todas esas fantasías sin sentido, que hacen que se sienta tan maravillo el quedarse acostado y solo pensar, y solo soñar.
Es aun más maravilloso, cuando no se tiene esta ancla enterrada en el pecho, este resentimiento tonto y resentido, que vuelve amargos los recuerdos e ilusiones más dulces.
Quisiera no ser víctima de mis propias malas ideas, y que todos esos demonios de mi alma se durmieran cuando quiero fantasear con el amor, y perderme entre las pocas posibilidades siendo sumiso ante la irrealidad del pensamiento y lo falso de las ilusiones.
Pero en mi mundo que es mi cabeza, y pese a las voces que me gritan todo lo contrario, yo no puedo dejar de soñar, y me siento tan libre de poder insistir sin que me duela la dignidad, y escupirle miles besos al orgullo mientras te suplico...
¿Por qué no cambias de parecer?
Y me regalas un amanecer...
Vamos a manchar las paredes con nuestro tímida deseo, y cantarle luces de colores a la luna...
Cambiemos miradas por besos, versos por abrazos, canciones por caricias...
Explotemos el universo juntos y que a las estrellas les de envidia estar tan solas...
y que al sol le apene salir desnudo, y que la noche no quiera acabarse nunca.
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