martes, 16 de febrero de 2021

Tout Rien


Estaba pensando en realizar un manual llamado “como consumir todos tus malos hábitos y correr directo a la perdición” pero creo que es un título demasiado privilegiado, además de pretensioso.

Siempre me he sentido especial, he tenido la fortuna de que a muchas personas que conozco les vibre decirme que soy especial... desde niño, crecí pensando que era especial...que mentira tan más hermosa. La verdad es que si bien, el nihilismo no te lleva a ninguna parte, todos nos enfrentamos al menos una vez a una situación donde nos percatamos de lo especial que no somos...

Es lindo avivar el ego de vez en cuando, quizá sea algo muy personal, pero creo que se siente bien destacar de forma interna, incluso aunque nadie lo note. Me refiero a sentirse tan importante, la pieza principal en este rompecabezas del universo, la que nunca se le quiera perder...la que se ilumine en la oscuridad y esté forrada con un material de brillo metálico que parezca un enorme sol comparado con las otras. La coleccionable.

Pero por desgracia, y a placer del cosmos, mi nulo destino, mi creencia y mi circunstancia me ha orillado a ver el lado cruel de todo eso, y así notar lo estúpido que suena. Y aunque quisiera con todo mi corazón creer en esa mentira, ya no siento ganas de engañarme a mi mismo.

Lo subjetivo que es todo, lo relativo, lo abstracto, lo bello y lo atroz, es muy simple perdernos en la magnificencia de la vida y asombrarnos de todo, de las mentes perdidas, de los pensamientos encontrados, de las siluetas bailando alrededor del fuego, y la ironía de ser tan inmensos en un lugar donde todo nos hace ver tan diminutos. Descubrir lo pequeños que somos y maravillarnos con toda nuestra complejidad, con todos los sistemas siendo parte de algo mucho mayor, de todas las células que forman un organismo que vive y muere, y que se jacta de todo eso siendo feliz.

Me atormenta un poco hablar de lo afortunado que soy, de recibir todo el amor que pudieron darme y aún así quejarme tanto por no encontrar ese punto mío en el universo, esa estrella, cuando lo he tenido todo, todo lo vital además de una mente consciente que me permite reconocerlo, agradecerlo y con mi afán de no estar contento, desecharlo. No me atrevería a decir que el mundo me debe algo, aunque si me apena deberle tanto al mundo.

He pensado mil formas de poder devolver todo eso y ante alguna idea más absurda, librar mi deuda con el universo, hacer feliz y compartir mi desvergonzada felicidad con todo el que pueda. Pero, quizá a culpa de mi personalidad curiosamente tímida en algunas cosas, no me atrevo. No me atrevo a salir de esta delicada burbuja que me sostiene y me amanta, y en cierta manera nutre mi egoísmo y me envuelve en la nada... me transforma en un yo diferente cada vez que sol se esconde, y cada vez que despierta.

Porque a fin de cuentas somos una nada que lo es todo, que crea, que destruye, que transforma, que se pierde y se encuentra no siempre para el bien común ni para el bien que se quiera por ser bueno. A fin de cuentas ¿Que es ser bueno? Tan solo no ser lo suficientemente malo para alguien y estar un poco encima de lo que pareciera ser neutral. Una nada en el todo, un todo en la nada.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Smashed blender

No recuerdo los momentos exactos en los que voy aprendiendo cosas, y por lógica tampoco recuerdo lo que olvido y mucho menos cuando lo olvid...